¿Qué es postfeminismo? (Querer tenerlo todo)
Lynne Alice


A medida que para muchos de nosotros el panorama feminista se amplía convirtiéndose en un proyecto más global y emancipatorio, articulado sólo por el objetivo político de la calidad de vida, ¿perderemos la solidaridad que teníamos (o creíamos tener) como mujeres y entre mujeres? No veo razón por la que no podamos luchar -al más puro estilo postmoderno- en todos los frentes a la vez... No veo por qué no podemos referirnos a esta política como "feminismo" en vez de cualquier otro nombre, cuando el método feminista ha sido básico para entender esta política. Quisiera mantener el término feminismo como homenaje a la práctica feminista que nos enseñó lo que unos cuantos separatistas o izquierdistas puede que hayan visto, pero no han sabido describir tan bien: que en lo que nos creíamos unificados y monolíticos había diferencias, y que donde había diferencias era necesario asegurarnos de que estas no se silenciaban. (Gagnier, 1990 : 29) El postfeminismo (que a menudo encontramos escrito como 'post-feminismo') se forjó en el periodo comprendido entre la obtención del voto para la mujer en los Estados Unidos y el surgir del feminismo de "segunda ola" en los años 60. Reflejaba los resultados favorables para la mujer en batallas como la del derecho al voto, el acceso a cargos públicos y la elección de ocupar una posición en muchas otras esferas a nivel personal. A finales de los ochenta y en los noventa, el 'postfeminismo' se extiende como un movimiento a menudo hostil y enfrentado contra las feministas en particular. Se cree que la lucha en los setenta por los 'derechos de la mujer' ha conseguido todo lo que cabía esperar conseguir, y que el exceso de las campañas feministas se ha "destapado" como una fiebre antimasculina muy pasada. A pesar de que muchas feministas opinan que este uso de la palabra postfeminismo es un movimiento de reacción que rechaza la lucha continua de las mujeres por obtener derechos y necesidades básicas, el término también tiene una variedad de usos más positivos en el mundo académico dentro de las disciplinas dedicadas al estudio de las culturas. Lo interesante de esta crítica popular y, en otro contexto, de la respuesta académica es la implicación de que el postfeminismo actúa en ambos entornos como un imperativo enfocado a definir y contener el pensamiento feminista. En este ensayo analizaré e ilustraré cómo se produce este fenómeno. Mostraré cómo, dentro del ámbito de los estudios culturales, el 'postfeminismo' resalta la posición privilegiada de mujeres que dicen gozar de una libertad psicológica que las libera de la subordinación. Muy a menudo, esta es la posición de mujeres y hombres que afirman que el feminismo no ha sido nunca ni podría ser importante para ellos. Después paso a analizar cómo se emplea el término 'postfeminismo' para hacer una crítica de la complicidad de la mujer con el pensamiento modernista, específicamente, de cómo se utiliza para delimitar la tardía asimilación en el feminismo de análisis escritos por 'mujeres del tercer mundo', 'indígenas' y 'de color'. A continuación, doy la vuelta al argumento y me centro en el análisis de Sandoval en torno a las historias plurivocales del feminismo, análisis que ofrece nuevas formas de entender en profundidad la diferencia y de las políticas que se basan en la diferencia como identidad. Argumento que, para las feministas, el interrogante que nos plantea la utilización del término 'postfeminismo' dentro del ámbito popular es si el término corrige con éxito las limitaciones de los análisis que se han hecho de la vida de la mujer desde el punto de vista feminista y resalta los aspectos del feminismo que deben modificarse si han de seguir siendo efectivos en la era postmoderna. Desde mi punto de vista, el 'postfeminismo' tiene poco que ofrecer al encuentro del feminismo con los retos que la condición postmoderna plantea a la identidad, la comunidad y la política, pero contiene una oportuna advertencia sobre las complejas intersecciones entre definición y localización. Las introducciones a las publicaciones académicas se suelen escribir después de que la obra se haya redactado. Hacen las veces de puntos de acceso a las ideas que se van a considerar. Para los lectores que no están al tanto de los detalles de la articulación de los argumentos, una introducción anuncia una línea de pensamiento que será la realización de las promesas iniciales. Para el escritor, sin embargo, la introducción es una conclusión que sigue a la conclusión e incluso, a menudo, es el punto de partida para un nuevo argumento. Por ello, parece apropiado comenzar una conferencia denominada Feminism/Postmodernism/Postfeminism reflexionando primero sobre el significado de 'postfeminismo'. Tengo el presentimiento de que las respuestas que ofrezca también arrojarán luz sobre otras partes del título y de la ponencia. Sin duda todas estas categorías se abren a la controversia de distintos puntos de vista, ninguna de ellas es transparente. Los intersticios de la categorías, ya se reflejen con guiones, barras, espacios o falta de ellos serán el espacio en el que se representará este encuentro entre feminismo y postmodernismo.Pero, antes de nada .... feminismo 1 Probablemente el primer uso a nivel popular del término 'postfeminismo' lo hizo Susan Bolotin en un artículo que publicó en el New York Times en 1982 sobre cómo veían las mujeres de entones el feminismo.2 Escribió: Mirad a vuestro alrededor y veréis algunas mujeres felices, y después veréis a esas mujeres tan amargadas. Las mujeres desgraciadas son todas feministas. Encontraréis muy pocas personas felices, entusiastas y relajadas que sean ardientes defensoras del feminismo. Los feministas son en realidad almas torturadas. (1982:31) El mito social de la feminista como desgraciada, airada y fea no es, ni mucho menos, nuevo, pero su persistencia a lo largo de décadas de actividad y análisis feminista es una prueba de la insidiosa determinación del falocentrismo. No pasa ni una semana sin que aparezcan el término 'postmodernismo' o elementos de su entorno en las páginas de un periódico o revista. En una crítica aparecida en octubre en Listener sobre la última obra de Roger Hall se afirma, por ejemplo, que en ella Hall "no duda en enfrentarse a la comedia postfeminista". El término aparece para describir una era que sigue a la presunta muerte del feminismo de segunda ola. Sigue: Social Climbers ("Trepas") presenta un reparto solo de mujeres atacándonos como un equipo emocional de vendedoras: es cosa de grupo, ahí aguantando, hemos de ayudarnos los unos a los otros, formar una red. Un mensaje para los noventa con el que casi nadie se podía sentir identificado. (Eggleton,1995:52) La obra ofrece una visión de las mujeres de los noventa, y para el crítico es 'postfeminista' porque refleja el punto de vista de que el feminismo ya no importa y que su muerte supone una esperada liberación de una presunta histeria femenina y de otros comportamientos agresivos contra el hombre. Basándose en estereotipos del feminismo como el del lesbianismo como algo propio de mujeres con piernas peludas, estridentes y sin instinto maternal, el postfeminismo se nos presenta, por un lado, como una vuelta a los pechos, a la femineidad y a la maternidad, y , por otro, como el reconocimiento de que al feminismo le preocupó demasiado la necesidad de escapar de lo doméstico para conseguir la igualdad con el hombre en el trabajo. Desde un punto de vista feminista la obra de Hall se podría considerar 'postfeminista' porque retoma (aunque en tono satírico) algunas de las ideas y estrategias feministas y, sin reconocerlas como tal, las utiliza para infantilizar a la mujer. Unas cuantas semanas antes de la aparición de la crítica de Eggleton, surgía otra vez la caricaturización de la mujer tan característica del 'postfeminismo' en la descripción de Frank Haden para el Sunday Star Times de la resolución alcanzada sobre el aborto en la conferencia de Pekín.3 Haden describió a los participantes en la conferencia como 'mujeres barbudas' y, declarándose seguidor del Papa, se mostró contrario al aborto. Concluyó con estas palabras: "Las mujeres barbudas no lo pueden tener todo". Los hombres siempre han sido unos irresponsables cuando se trata de cargar con las consecuencias de sus acciones. No vale para nada decidir subsanar un error con otro, y que las mujeres decidan que también quieren ser irresponsables. Si no te gustan los condones ni los bebés, no deberías seguir follando.Si insistes en el derecho a abortar, debes unirte a mí y declarar que nada es sagrado. Debes dejar de decir que la vida es sagrada. Tienes que dejar de hacer gestos de horror fingido cuando se hable de eutanasia, de suicidio o de accidentes mortales en las carreteras. Si eso es lo que las mujeres barbudas quieren, me parece estupendo. Pero hasta que no se muestren coherentes serán sólo unas hipócritas. (Haden, 1995:C3) De esta maraña de argumentos contradictorios, surge la caricaturización de las feministas y el feminismo como la principal arma de ataque. Las feministas no sólo son peludas e irresponsables, también son enemigos de los hombres y de la vida, malas conductoras, y (no sé muy bien por qué) también son hipócritas. La reducción de la agenda feminista a cuestiones como la seguridad vial, la diferencia entre eutanasia y suicidio y el derecho sagrado a la vida es bastante parcial por parte de Frank y probablemente algo nuevo para muchos feministas y defensores del feminismo en Aotearoa. El caso es que la prevalencia de representaciones aparentemente negativas del feminismo en los medios a menudo es un reconocimiento apenas velado de sus logros.A veces es difícil imaginar cómo alguien de menos de 40 años de edad puede encontrar información positiva o simplemente fidedigna sobre el feminismo, dado el tono corrosivo y grandilocuente de las descripciones del feminismo que circulan actualmente en la cultura popular. El director de una publicación le dijo a una alumna de posgrado que había realizado un trabajo sobre las experiencias de las mujeres jóvenes en el feminismo contemporáneo (tema cercano a la investigación de Bolotin) que su enfoque estaba anticuado, ya que el feminismo ya no era un tema de interés para las mujeres de los noventa.4 Sin embargo, es curioso que el feminismo, aunque generalmente retratado negativamente en las revistas y películas populares siga siendo un factor cultural importante dentro de nuestro panorama intelectual. La recepción negativa que sufre es una representación sorprendente de la 'hipótesis represiva' de Foucault. Recientemente hice un repasito de los números atrasados de una media docena de revistas que había en mi biblioteca local y descubrí muchos textos vibrantes en torno al destino del feminismo en los 90, centrándose principalmente en cómo y dónde se sitúa el postfeminismo.5 He incorporado retazos de mi estudio de estos artículos y de otros casos en los que los medios populares prestaban su atención al feminismo en este análisis.A pesar de haber comenzado esta ponencia con una pregunta soy consciente de que a menudo las definiciones contribuyen a reforzar la ideología más que a promover nuevos estudios. Sin embargo, mi investigación trata de identificar cómo el feminismo se articula y qué efectos tiene en los distintos públicos del ámbito popular y teórico.6 'La teoría feminista como tal' dijo Teresa de Lauretis, 'fue posible ... gracias a la condición postcolonial' (1988:130). De Lauretis argumenta que la teoría feminista se puede distinguir por sus procesos más que por sus simples orígenes o manifiestos. Le interesan principalmente los cambios de enfoque, que ella interpreta como resistencia a definiciones cerradas. Uno de los 'cambios' más notorios de los que habla de Lauretis es el de la institucionalización del feminismo, y a cómo este ofrece una crítica fundamentada del conocimiento, de las representaciones y del entorno como parte de la aplicación crítica de las disciplinas de las ciencias sociales y la filología. La mayoría de feministas, sin embargo, saben que la ubicación y los significados del feminismo siguen siendo motivo de polémica y que así ha sido desde que se empezó a utilizar el término en los Estados Unidos en la década de los noventa del siglo pasado.(Rossi, 1974) Sin embargo, dentro de la teoría feminista, al anteponerse el proceso frente las definiciones cerradas, siguen sustentándose importantes debates sobre cualquier concepto que se consideren centrales a la 'esencia del feminismo'. Puede que los conflictos dentro del feminismo sean su aspecto más fascinante e interesante, ya que muchos han aceptado que la división no es necesariamente consecuencia del reconocimiento de las diferencias entre feministas (Hooks, 1984:65). Sin embargo, a pesar de una mayor familiaridad con sus debatidos ámbitos y multiplicidades, sigue pidiéndose una definición de 'feminismo'. Normalmente se intenta responder al espíritu de la pregunta de manera positiva quizás analizando en profundidad la herstory (historia de la mujer) y un amplio espectro de debates, que a menudo el que formula la pregunta desconoce. Rixecker en estas conferencias se refiere a esto como un 'injerto' en el que la 'naturaleza fluida de cualquier frontera contextual' (Donaldson, 1992:50) (idealmente) se antepone a las definiciones tradicionales. Pero, el riesgo de una definición cerrada, fácilmente accesible supone siempre un ejercicio intrigante, lo que inevitablemente confirma la idea de de Lauretis de que el proceso da forma a la definición de feminismo que se ha de adoptar para evitar que quede reducido, ya sea a sus preocupaciones filosóficas, a su aspecto de movimiento social o su imaginario popular.Llevando esto un paso más allá, Lisa Tuttle una valiente estudiosa del feminismo en las enciclopedias nos dice: Los diccionarios normalmente definen el [feminismo] como la defensa de los derechos de la mujer basada en la convicción de la igualdad entre los sexos, y en la más general concepción del término se refiere a cualquier persona que es consciente de cualquier subordinación de la mujer, sea cual sea su causa, y lucha contra ella.(1986:107) A continuación Tuttle pasa a profundizar sobre las objeciones de Bell Hooks (1984) a esta elisión del derecho de la mujer con la igualdad social y sobre la insistencia de Alison Jaggar de que no se puede aplicar el término 'feminismo' siguiendo criterios ideológicos a algunos grupos y no a otros sin caer en el sectarianismo. Tuttle entonces se apoya en Donna Hawxhurst y Sue Morrow para reiterar su opinión de que El feminismo sólo tiene definiciones provisionales ya que es una ideología dinámica y en constante transformación que incluye muchos aspectos como el personal, el político y el filosófico... El feminismo es una llamada a la acción. Nunca puede ser sólo un credo. Sin acción, no es sino una retórica vacua que se cancela a sí misma (ibid). A pesar de lo 'resbaladizo' de las definiciones, tanto los feministas como los críticos del feminismo piden incansablemente algún tipo de significado específico para caracterizar el 'feminismo' y mantienen que estos aspectos son esenciales. Personalmente, prefiero la respuesta de Hawxhurst, pero soy consciente de que resulta cada día más anticuado ansiar una descripción tan revolucionaria, al estilo de los 70. Tuttle utiliza el ejemplo de Heisenstein para recordar a los viejos activistas como yo que deberían dedicar una 'mirada más amplia' a preguntas como '¿qué es feminismo?'. Quiere que pensemos en: Qué sería de las convenciones sociales actuales en el occidente capitalista y, de hecho, en la mayoría de sociedades, tanto capitalistas como comunistas, si todas las reivindicaciones de los movimientos de la mujer se cumplieran para todas las mujeres. (1988:108) Implícito en su planteamiento de esta utopía esperanzada está el recordatorio de que las feministas no suelen vislumbrar el fin del feminismo, porque, para muchas, es una identidad más que un manifiesto para la acción, el pensamiento y el cambio social. De ello, Tuttle colige que como identidad, la definición de feminismo nunca quedará cerrada; pronto se convierte en una política de la identidad. Al llegar a esta conclusión, Tuttle pasa por alto el hecho de que en un principio mantenía una imagen mucho más amplia y abierta del feminismo. Tuttle entonces invoca a Charlotte Bunch y Teresa Billington-Grieg para argumentar que el feminismo no es tan sólo un ejercicio de 'inclusión' sino de transformación del mundo. Lo que está claro es la confluencia de los aspectos personales y políticos en las distintas concepciones de 'feminismo'. Tuttle, y las personas que utiliza para fraguar sus argumentos, asumen que cambiar el mundo y declarar que el feminismo tiene un significado en su vida son aspectos integrales de ser feminista. Lo que no es tan fácil de aceptar es que ese cambiar el mundo o a uno mismo como parte de una colectividad presupone una agenda común que, para muchos, no encaja con la perspectiva de feminismo como 'una ideología en constante transformación' o como algo en constante proceso de formación. La concepción que expone Katie King (1994) sobre la teoría feminista como "conversaciones" o "momentos" específicos dentro de la historia y la cultura así como la "conciencia de oposición" de Chela Sandoval (1991) ofrecen una forma de huir de definiciones y significados preestablecidos. En estas concepciones de feminismo, que se centran en la simultaneidad de los debates sobre los muchos temas protagonistas actualmente de la escritura y los debates feministas desde diversas perspectivas, el conflicto, la variedad y las agendas localizadas y comunes pasan a un primer plano. He estudiado estas definiciones diferentes aunque complementarias del feminismo como un 'ejercicio de integración', 'un proceso', 'una caja de herramientas para el cambio social' o 'una identidad', porque contrastan con la concepción habitual de lo que son el feminismo y el postfeminismo. Y es a estas imágenes en las que me voy a centrar a continuación. 'Perdona, ¿eres feminista?' pregunta Lyn Loates en su exploración del destino del movimiento por los derechos de la mujer en una época de reacción.7 Para Loates, igual que para Tuttle y cia., el feminismo supone 'un compromiso imperecedero por cambiar la sociedad' que beneficie a hombres y mujeres por igual. Pero precisamente Loates no está segura de si es una feminista, ya que considera esta agenda inaceptable. Cree que el feminismo es importante básicamente como foco y modelo para los intereses de la mujer, pero que debe ganar relevancia. Afirma: [...] Me incomoda la parte del 'compromiso imperecedero por cambiar la sociedad'. Sólo la idea ya es agotadora. Ya no vivimos en un clima de optimismo frenético como aquel en el que floreció el feminismo de segunda ola. Entonces, a finales de los 70, se llamaban liberacionistas femeninas y era sencillamente un momento histórico óptimo para que los oprimidos se liberaran de sus cadenas. Por supuesto, se trata de una atrevida maniobra del conservadurismo inquebrantable que se retira de las agendas de cambio social mientras admite que la opresión es parte intrínseca del tejido social. Loates probablemente objetaría que he ido demasiado lejos al afirmar esto, porque lo que ella pretende decir es que cambiarse a uno mismo es una meta suficiente para el feminismo de los noventa. Nos ofrece un estudio de 20 años de historia del movimiento por los derechos de la mujer en Nueva Zelanda, desde el impacto causado en 1972 por la visita de Germaine Greer hasta la cima de la popularidad de Madonna en 1992, que fue también el año de publicación de importantes libros por Naomi Wolf, Susan Faludi y, apunta sin ironía, Feminist Voices el primer libro de texto para la disciplina de Estudios de la Mujer en el país.8 Su conclusión es que las feministas están menos interesadas en política que anteriormente, y que el interés cada vez mayor del feminismo en el autodesarrollo hace que el movimiento sea aceptable para la mujer de hoy. Cita a Gloria Steinem con su nuevo punto de apoyo: El compromiso con el autodesarrollo tiene sentido, [...] si todo el mundo hiciera lo que está haciendo Steinem aquí no habría necesidad de cambiar el mundo [...] quizás el lema de Steinem debería entenderse como "el feminismo es un compromiso imperecedero por cambiar a la persona de tal modo que las personas se valoren a sí mismas con igualdad." No me costaría nada aceptar eso. (1992:35) Se imponen dos cuestiones. Una es la intervención pública en definir 'la esencia del feminismo'. Otra es el cargo de que el feminismo ha de transformarse fundamentalmente para continuar teniendo importancia en los noventa. En esta última aseveración está implícito un deseo para que las mujeres sean una vez más 'mujeres auténticas' en relaciones heterosexuales igualitarias, como subrayan las dos versiones que dan Steinem y Wolf de lo que es feminismo. Este punto de vista conjura la aparición de un hombre en quien se pueda confiar para mostrarse autoritativo en temas de mujeres, como las feministas, el postfeminista masculino, de hecho. Ocupémonos de cada cosa a su tiempo. Mujeres auténticas, heterosexo igualitario y postfeministas masculinos 'Las mujeres auténticas' sólo existen en la imaginación de quienes, por usar la expresión de Rebecca West, quieren 'una mujer felpudo'. La 'autenticidad' es la interpelación de los puntos de vista culturales dominantes, como ilustra incisivamente la película de Jenny Livingstone, Paris is Burning y como describe Butler: "Autenticidad" ... es un modelo utilizado para juzgar cualquier actuación dentro de categorías establecidas. Y sin embargo, lo que determina el efecto de la autenticidad es la habilidad de conseguir credibilidad, producir el efecto naturalizado. Este efecto es en sí el resultado de una encarnación de reglas, una reiteración de las reglas, una caracterización de la norma racial y de clase, una norma que es a la vez una figura, la figura de una cuerpo, un cuerpo sin especificar, pero un ideal morfológico que sigue siendo el modelo que regula la actuación, pero que siempre permanece inalcanzable. (1994:129) Ser 'auténtico' es 'fingir' (Garfinkel, 1967), mezclarse con los ritos sociales incongruentes del deseo, la conformidad y la comunicación de manera convincente pero eludiendo revelaciones y autojustificaciones. Mirad estas viñetas.




Notas

1 Esta ponencia está dedicada a mis adolescentes, Francesca, Gabriella y Alexander quienes, más que nadie, me convencieron de la necesidad de seguir hablando de feminismo y disfrutar haciéndolo.

2 Este y otros escritos sobre los medios estadounidenses los analizan Walters (1995) y Stacey (1990) en mayor profundidad.

3 Haden utiliza con regularidad metáforas antifeministas cuando analiza en sus columnas a las mujeres neozelandesas, como ya se comentó en la Rape Crisis National Office Update Newsheet Sept/Oct 1993, edición 3, pág. 2 :"mujeres barbudas", Sunday Dominion Times, febrero de 1993; "industria del abuso sexual", octubre de 1993; "colegas de piernas peludas" entre otros ejemplos.

4 Lennie Court, Young Women's Experiences of Feminism, tesis para grado de Master (sin publicar), Departamento de Sociología, Universidad de Massey, 1995. Gracias por tus brillantes comentarios, Lennie.

5 Las revistas fueron Elle (Reino Unido), More (Nueva Zelanda/Australia), Cosmopolitan (Reino Unido), Ms (Estados Unidos) y New ZealandWomen's Weekly.


 

© Lynne Alice, 1996.

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[ Traducción: Carolina Díaz ]