[ZONA F] Cyberfeminismo: Dos Escenarios
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Primer escenario: Tecnología y construcción de la subjetividad
[la feminización del cyborg]

Ana Martínez-Collado

“Succionado, absorbido por un vórtice de banalidad... acabas de perderte el siglo xx. Estás al borde del milenio, ¿cuál?, ¿eso qué importa? […] Lo cautivador es la mezcla de fundidos. El contagio ardoroso de la fiebre del milenio funde lo retro con lo posmo, catapultando cuerpos con órganos hacia la tecnotopía… donde el código dicta el placer y satisface el deseo.”

VNS Matrix (1991), “Manifiesto de la Zorra Mutante.”1

En todo este proceso, el sujeto, como todo lo demás, ha dejado de existir como algo fuera del discurso. Somos códigos genéticos, somos escrituras matriciales en el ordenador, somos firmas potencialmente variables en el e-mail, podemos adoptar roles sociales diferentes, podemos transformar nuestro sexo, nuestro género, nuestra identidad, podemos construir/deconstruir nuestro cuerpo, definitivamente un cuerpo sin órganos, sin determinación. Es la época del ser contingente, interpretable, que se reconoce en la ausencia de destino prefijado (ni por la biología ni por ninguna otra ciencia/servidumbre). Es la época del Cyborg, de la identidad como puro artificio. Y, consecuentemente, el reto de la representación de una subjetividad no esencialista es tal vez la cuestión más inevitable de nuestra época.

Todo ello está prefigurado por las nuevas circunstancias: la expansión de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación hacen real el mundo virtual de la red. La World Wide Web es inevitablemente el nuevo espacio epistemológico y existencial del ser, y ese espacio nos revela meros códigos lingüísticos, puros cyborgs, fusión de máquina y naturaleza, de deseo y lenguaje. “A finales del siglo xx –nuestra era, un tiempo mítico– todos somos quimeras, híbridos teorizados y fabricados de máquina y organismo; en una palabra, somos Cyborgs. El Cyborg es nuestra ontología, nos otorga nuestra política”,2 escribía Haraway.

El cyborg –en tanto que metáfora y modelo del nuevo sujeto inesencial– se presenta también como el último gran mito moderno: él recoge, en efecto, todos los sueños de construcción de una subjetividad liberada de carga edípica, de frustración cotidiana, la ilusión emancipatoria de un sujeto pleno, feliz y autorrealizado. Pero sabemos que ése es un sueño falaz, equívoco e interesado, y se trata precisamente de trabajar para desmantelarlo.

Empecemos por preguntarnos: ¿cuál ha sido y es la intervención de las mujeres en el territorio de la red?, ¿es el cyborg una creación realmente transgenérica?, ¿es la red todavía un espacio configurado a la medida de los intereses de dominación masculina o existe un activismo feminista consciente y capaz de establecer su territorio autónomo (su TAZ) en este nuevo espacio?, ¿tiene género la www, o es ella la disolución de todos los géneros? Pero seguramente no es ni una cosa ni otra, sino su implosión, un virus activo de creaciones polivalentes, multifacéticas, en un campo de pruebas privilegiado que diseña inevitablemente nuestro futuro.

Lo primero que parece obligado decir es que el de la red resulta un territorio abiertamente “seductor” para la intervención de las mujeres. “A través del trabajo de numerosas mujeres activistas en la red –escriben Faith Wilding y el Critical Art Ensemble– hay ahora una presencia cyberfeminista que es fresca, desvergonzada, ingeniosa, e iconoclasta frente a muchos de los principios del feminismo clásico. Al mismo tiempo, es evidente que el cyberfeminismo sólo ha dado sus primeros pasos.”3 Coincidiendo con el desarrollo de un feminismo expandido –característico de los años 90: mucho más plural y con un carácter mucho más abierto que los anteriores feminismos dogmáticos–, el cyberferminismo también ha adoptado esa misma actitud libre, diversa y sin prejuicios. Y se ha lanzado a la colonización de un nuevo territorio, procurando dejar atrás las historias anacrónicas y el continuo temor a “la violación virtual (es decir, del feminista estado de seguridad).”4 Así que, de entrada, el clima es de optimismo, el de un partir de cero. Desde luego no hay nada mejor que un nuevo territorio para descubrir, para soltarse las cadenas. Pero como en cualquier vieja historia de expansión y colonización los protagonistas somos nosotr@s. Nosotr@s con nuestras herencias, con nuestro pasado y con todos los prejuicios acumulados. Y los estereotipos y los roles se transmiten en silencio a lo largo de la historia. No habrá pues de extrañarnos verlos reaparecer, máxime en un territorio que, no podemos olvidarlo, debe su origen a la necesidad de mantener la comunicación militar en una situación de emergencia mundial.

En la época de los simulacros, acaso solo el simulacro sea más real que la realidad: y ése es el territorio en que crece la red, tan irreal al menos como la misma realidad. En la red todos, por igual, carecemos de identidad fijada, esencializada. En los comienzos de un siglo xxi aparentemente construido bajo la protección engañosa de un falso estado del bienestar sostenido, nuestro reto parece hoy el de cómo abordar la construcción de ese sujeto post-humano, inesencial, desde una perspectiva feminista, desde la perspectiva propia de la mujer.

 

Feminización y máquina: la fuerza infiltrada de lo subversivo

“El clítoris es una línea directa a la matriz”

VNS Matrix (1991), “Manifiesto de la Zorra Mutante”.

“Y cuando ordenador era un término que se aplicaba a trabajadores de carne y hueso, los cuerpos que los componían eran mujeres. Hardware, software, wetware… antes de sus comienzos y más allá de sus límites, las mujeres han sido las simuladoras, ensambladoras y programadoras de las máquinas digitales.”

Sadie Plant (1997), Cero + Unos, Mujeres digitales + la nueva tecnocultura.5

“Chúpame el código”.

VNS Matrix (1991), “Manifiesto de la Zorra Mutante”.

Alianza de mujer y máquina: “Soy una cadena binaria –escriben todavía las VNS Matrix–. Soy puro artificio. Lee mi memoria RAM. Cárgame en tu imaginación pornográfica. Escríbeme… La red es la niña salvaje, zorra/mutante, partogenética, del Gran Papá Mainframe.” El espacio cybernético es expresado como una criatura de perfil femenino –la Matriz (la Matrix) es el lugar origen, el lugar de creación de la máquina– un territorio femenino. Pero relativo a una “feminidad” definida ella misma en términos de “niña salvaje”, como fuerza subversiva. Como criatura salvaje que se multiplica y diversifica por todo el sistema, invadiéndolo todo. Su rebelión será inesperada; “somos el accidente maligno que cayó en tu sistema mientras dormías. Y cuando despiertes, terminaremos con tus falsas ilusiones digitales, secuestrando tu impecable software”.

Pero, ¿dónde está la subversión? ¿Cuáles son esos elementos femeninos infiltrados en el sistema de la comunicación mundial? ¿Acaso detrás de los velos de la historia, en la “real existencia histórica de miles de mujeres” que son el ejército de la infraestructura que permite el funcionamiento de la sociedad moderna, esas mujeres que, incesantemente, atienden la intendencia de la sociedad? ¿Dónde se esconden realmente los elementos femeninos que contribuirán a hacer igualitarias esas estructuras de poder que han favorecido desde siempre discriminatoriamente a los hombres? ¿En la feminización, en el sexo, en los velos, en el tejido, en la capacidad para mantener la infraestructura? ¿En la matriz?

Sadie Plant apuesta por la matriz. A partir de la historia de Ada Lovelace, la primera programadora de ordenadores del mundo, reivindica esa construcción alternativa que se halla en la misma estructura de la máquina, en el mismo procesador del sistema. Ada Lovelace inventó el sistema binario de funcionamiento de los telares automatizados, el primer ejemplo de lo que más tarde se conocería como programación de computadoras. Los unos y ceros del código máquina parecen constituir los símbolos perfectos de la constitución ortodoxa de la realidad occidental, bien y mal, verdadero y falso, activo y pasivo, hombre y mujer. Pero uno más cero suman uno. El hombre lo es todo y la mujer no existe. Ella es “no todo”, “no totalidad”. No existe la categoría mujer. Ella es espacio vacío, hueco, negación.

Frente a ese esquema, la matriz digital supone el lugar de su subversión. En ella se anulan las diferencias de los géneros constituidos. No existe oposición, porque no existen contrarios. La diferencia entre el Uno y el Cero ya no define pares enfrentados, sino la posibilidad de crear una red infinita de posibilidades, de diferencias multiplicadas. Se habla entonces de una feminización que no es, en modo alguno, constitución de lo femenino. Sino feminización como metáfora de la desjerarquización.

Fin del uno. Tod@s somos “otros”, tod@s habitamos entonces ese “sexo que no es uno”.6 A partir de ello, Sadie Plant desarrolla la idea central de su pensamiento: “La cibernética es feminización”7 y como Galloway interpreta: “La tecnología puede aportar al feminismo algo que nunca tuvo a su disposición, la oportunidad de borrar lo masculino de principio a fin”.8 La metáfora de la matriz es esencial, en tanto que convierte a la mujer en una fuerza simbólica definitiva. El código binario de la máquina reemplaza a los generadores habituales de valor (el falo, la ley, el padre: los “unos”). Bajo esa perspectiva, las transformaciones tecnológicas y los nuevos paradigmas científicos y cibernéticos desafían la supuesta superioridad masculina. Y hacen coincidir su sistema de funcionamiento con la trama de finas hebras y procesos que han ido tejiendo las mujeres. Sadie Plant apuesta por la alianza entre mujeres, máquinas y la nueva tecnología, como lo verdaderamente revolucionario. En este contexto, la red aparece como la representación más eficaz y brillante de lo que podría llegar a ser nuestro futuro: “De todos los medios de comunicación y máquinas que han aparecido a finales del siglo xx, la red se ha considerado como el compendio de la nueva distribución no lineal del mundo. Sin límites en cuanto al número de nombres que se pueden utilizar; un individuo puede convertirse en una explosión demográfica en la red: muchos sexos, muchas especies. Sobre el papel no existen límites a los juegos que se pueden jugar en el ciberespacio”.9

 

La política cyborg de la escritura digital ¿Un paso más en la escritura de la differance?

Feminización como metáfora y efectuación del procedimiento deconstructivo. Subversión del sistema que no concluye con la inversión de las jerarquías, sino que persigue la destrucción interna de todos los sistemas jerárquicos, diseminándolos en un tejido expandido de redes, de diferencias, de multiplicidades. “La deconstrucción no puede limitarse o pasar inmediatamente a una neutralización: debe, por un gesto doble, una ciencia doble, una escritura doble, practicar una inversión de la oposición clásica y un desplazamiento general del sistema. Sólo con esa condición se dará a la deconstrucción los medios para intervenir en el campo de las oposiciones que critica y que es también un campo de las fuerzas no-discursivas.”10

El hipertexto como archiescritura. “El hipertexto hace posible que ‘un único hilo conductor, o unos pocos…’ se aúnen en un ‘tejido de interrelaciones’ en el que la fuerza de una conexión se deriva de la superposición parcial de muchas hebras de conexión distintas entre los temas y no de un filamento único, que recorre una multitud de temas.”11 La archiescritura es el espacio testigo del diferir de la diferencia, irreductible a cualquier lógica dual. Y su mejor metonimia es indudablemente el link: en él la archiescritura se evidencia no una escritura primordial sino el signo mismo de la pluralidad de todas las escrituras, la implosión misma del lenguaje. La archiescritura es la diseminación de la comunicación: el hipertexto es su idioma y el link su verbo mismo.

Feminización de la red así por un ejercicio deliberado de archiescritura. Para el feminismo, se trataría de transformar “la política del cuerpo de la escritura femenina” para acercarla a una “política cyborg de la escritura digital”, siguiendo la sugerencia de Theresa Senft.12 La política cyborg de la escritura digital se piensa a sí misma en el espacio de lo virtual como ejercicio de todas las combinaciones posibles de la subjetividad. No estamos hablando, por tanto, de importar o recuperar en modo alguno los supuestos atributos tradicionales de lo femenino, sino del ejercicio –desde la libertad de prejuicios– del deseo, en un lugar que se define como urdimbre infinita de relaciones en ausencia de jerarquías, un lugar cuya estructura excusa, en principio, la presencia de cualquier determinación falocéntrica.

 

Feminización del cyborg. ¿Es el cyborg femenino?

El cyborg no es, y La mujer está tachada. El cyborg es sin duda una de las figuraciones más brillantes de la identidad posthumana, en tanto que híbrido de ser humano y aparato electrónico o mecánico, organismo embebido en un sistema de información cibernética.

Organismos cybernéticos, androides, replicantes, humanos biónicos, hombre/máquinas e híbridos, los cyborgs representan una infamiliar “otredad” frente a la estabilidad de la identidad humana. Al cuerpo del cyborg se le considera transgresivo con el orden de la cultura dominante, y no tanto por ser una naturaleza construida, sino por su diseño híbrido. Están abiertos a todas las posibilidades del ser. No son seres que procedan de la transmisión específica de un código heredado, sino el resultado de una ingeniería, del laboratorio, de una aplicación del conocimiento al deseo o la voluntad. Por esta razón, el cyborg nos proporciona también un contexto privilegiado para estudiar la identidad de género como resultado de una producción simultánea de materia (cuerpo) y ficción (cultura).

Al igual que el cyborg, La mujer es también ensamblaje, mascarada, ficción, construcción artificial. Anne Balsamo, siguiendo el mapa de Haraway en que superpone la identidad de la mujer sobre la imagen del cyborg, escribe: “ambos son simultáneamente –simbólicamente y biológicamente– producidos y reproducidos a través de interacciones sociales. El ‘self’ es un producto interaccional; el cuerpo es otro”.13

El cyborg no existe y La mujer no es. En la era de las tecnologías del cuerpo, la oposición entre naturaleza y cultura desaparece. El cuerpo femenino –todo cuerpo– es una construcción artificial entre varios sistemas de significado. El lugar de la experiencia utópica para vivir provisoriamente identidades parciales, contingentes. Y para explorar, reventando desde dentro, todos los sistemas parciales de cualesquiera identidades.

Pero todo ello no puede hacernos olvidar la pregunta –y experimentar un escalofrío al recordarla– por la mujer “real” y concreta, nuestra experiencia determinada por la historia y por las relaciones concretas de poder y dominación. ¿Cuál es esa mujer “real”? ¿Acaso aquella construcción artificial que aparece y viene a ser cuando su universal imposible, aquél tachado de La mujer, toma conciencia de su no existir, de su darse como pura otredad, mera negatividad…?

 

La construcción del cyborg: cuerpo y género

“El cyborg es una criatura en un mundo postgenérico”

Donna J. Haraway.14

Pues aquí no estamos ante una desaparición del cuerpo. En la era de las tecnologías del cuerpo, en efecto, el cuerpo se resiste más que nunca a desaparecer. Todo lo contrario, los avances en biotecnología, ingeniería genética, técnicas de transformación del cuerpo, hacen posible la creación / reconstrucción de “más cuerpo”: cuerpos soñados, fabulados, imaginados, prometidos. “Más bellos, más sanos, más felices”, en definitiva: más cuerpo.

Pero, ¿cuál es el género de ese más cuerpo, de ese cuerpo intervenido? ¿Cuál es la relación entre las partes del cuerpo producidas / reconstruidas y la identidad de género? En la mayoría de los casos la tendencia primaria es la reproducción de la tradicional lógica binaria de la identidad y el género, pero esto supondría limitar los potenciales de las nuevas tecnologías, cuyo potencial es justamente subvertir esa paridad. Sandy Stone, en uno de sus primeros ensayos,15 proporcionaba argumentos claves para el debate contemporáneo sobre la situación del cuerpo en las comunidades virtuales. Bajo su punto de vista, la introducción del cuerpo en el espacio virtual generaba significados imprevistos a través de la articulación de diferencias entre cuerpos y no-cuerpos, espacios y no-espacios. Y en este sentido, insistía en que las nuevas tecnologías no son agentes transparentes que eliminen el problema de la diferencia sexual, sino medios que promueven la producción y organización de cuerpos sexuados en el espacio.

Ese espacio virtual, por tanto, se representa como una prótesis, como una enorme prolongación de nuestros cuerpos. Siguiendo los análisis de Foucault sobre la construcción del cuerpo desarrollados en su obra La historia de la sexualidad entendemos bien que el cuerpo ha sido siempre conceptualizado y articulado según los diferentes discursos culturales. Si bien se define como “cosa de la naturaleza” es siempre transformado en un “signo de cultura”. Inevitablemente, a este cuerpo intervenido le serán imputados ciertos códigos del género y la identidad. Seguramente, es en ello donde residen los mayores peligros, toda vez que la tendencia será a reproducir los heredados, los que se asientan en nuestra memoria histórica. Pero, tal vez …

 

La promesa de los monstruos. En el siglo xxi. Hacia lo transgenérico

“Ya sé que piensas que casi todo el trabajo está ya hecho, y que la parte que no se ve es pequeña. Pero, y aunque el cambio individual es el fundamento de todo, no es donde todo termina. Quizás sea el momento de sentar las bases para la próxima transformación.”

Sandy Stone (1991), “El imperio contraataca: Un manifiesto post-transexual”.16

Tal vez estamos ante la más bella utopía que la humanidad ha podido concebir: la posibilidad de darse forma (y destino) a sí misma. El cyborg olvida el pasado y construye el futuro. El cyborg –asociado inevitablemente a la representación de lo monstruoso, la construcción antinatural y liberada de la norma– es la encarnación de la diferencia. La pregunta, sin embargo, sigue siendo la misma: ¿podrá también liberarse en él el discurso de la diferencia? Los cuerpos se transforman pero las ideologías se mantienen.

Los míticos replicantes de Blade Runner no podían escapar de sus códigos de identidad, Roy quiere prolongar la duración de su vida y Rachel, la más humana de tod@s, llora al descubrir que su memoria y sus recuerdos no son más que un programa implantado. Los complejos mecanismos de la construcción de la subjetividad esconden en sus entrañas los impulsos del deseo, de la completud y de la felicidad, en una maraña de contradicciones irresueltas. Y esa artificialidad de la identidad es común a cyborgs y humanos: ¿Todavía podemos hablar de la diferencia?

La verdadera dificultad es la de asumir el reto de ir transformando roles, patrones de identidad y estereotipos de género. Está claro: no se trata de pensar lo transgenérico como un “lenguaje común”, sino antes bien como “una poderosa e infiel heteroglosia”.17 El género se define como una construcción social y política, independiente de las mismas categorías de cuerpo y biología, y sus determinaciones. Pero el horizonte de lo transgenérico no puede nunca definirse como anulación de las diferencias, postulando un estado entrópico de androginia. Al contrario, imaginamos su posibilidad como una producción de género absolutamente diseminada: dibujando un mapa de coaliciones abiertas y ensamblajes de toda índole que impidan cualquier definición cerrada, cualquier distribución estable de la diferencia.

Asistimos a un movimiento imparable. Lento y difícil, porque todos los sistemas se resisten a su caída y se reestructuran sin cesar. Pero las aguas se desbordan constantemente en lo privado y en lo público, a pesar de dinámicas largamente consolidadas. Podemos incluso hablar de una batalla viral en todos los sistemas lingüísticos. Judith Butler insiste en la transformación a través de la performatividad, a través de los actos conscientes de ejercicio de la diferencia. Escribe: “El género no es algo escrito pasivamente en el cuerpo, no está determinado por la biología, el lenguaje, lo simbólico ni la historia triunfante de la dominación patriarcal. El género es siempre algo que se pone encima, que se añade, bajo tensión, diaria y constantemente, con ansiedad y placer; pero si este acto continuo es tomado equívocamente como algo dado, ya sea lingüístico o natural, entonces su potencia se limita a expandir corporalmente el campo cultural a través de actuaciones concretas”.18

Muchas –y muchos– trabajamos ahí. Los media de la cultura siguen importando sus códigos tradicionales: la publicidad, las películas, los juegos de consola. Sin embargo, las artistas, las teóricas, y en general las mujeres contemporáneas, reivindican su capacidad de elección. Desmitifican y desajustan los valores establecidos para los géneros. Disfrutan de sus propias palabras, de su propio placer. Luchan por la fractura de la práctica como acto consciente y como acto político.

Desde esta perspectiva, y en la medida en que una utopía es necesaria para dibujar un horizonte, la www es un espacio privilegiado para diseñar nuestro futuro. En la matriz digital el organismo cybernético tiene una posibilidad real de reescribir las relaciones estereotipadas de la identidad, el género y la sexualidad que permitan en un futuro reestructurar personas, derechos y responsabilidades.

 

 

Segundo escenario: Las informáticas de la dominación
[Las mujeres en el circuito integrado]

Ana Navarrete

“La sociedad modernizada hasta el estadio de lo espectacular integrado se caracteriza por el efecto combinado de cinco rasgos principales que son: la incesante renovación tecnológica, la fusión económico-estatal, el secreto generalizado, la falsedad sin réplica y un perpetuo presente.”

(G. Debord, Comentarios a la sociedad del espectáculo)

“La naturaleza no construye máquinas, ni locomotoras, ni ferrocarriles, ni telégrafos eléctricos, ni telares mecánicos, etc. Todos ellos son productos de la industria humana; materia natural transformada en órganos de la voluntad humana que se impone a la naturaleza, o a la participación humana en ésta. Son órganos del cerebro humano creados por la mano humana; el poder del conocimiento objetivado.”

(K. Marx, Grundrisse)

“El trabajo es al actividad humanizadora que marca al hombre, una categoría ontológica que permite el conocimiento de un sujeto y, de ahí, el conocimiento de la subyugación y de la dominación.”

(D. Haraway, Manifiesto para cyborgs: ciencia, tecnología y feminismo socialista a finales del siglo xx)

La tecnología es el producto del trabajo humano que transforma la naturaleza para fines humanos supuestamente colectivos. Sin embargo, “[L]a tecnología [...] puede servir como un símbolo adecuado para designar el poder inmenso, propiamente humano y antinatural, de la fuerza de trabajo inerte acumulada en nuestras máquinas; ese poder alienado que Sartre denominaba la “antifinalidad” de lo práctico-inerte; un poder que se vuelve hacia y contra nosotros de modo irreconocible, y que parece constituir el férreo y distorsionado horizonte de nuestra praxis colectiva e individual”.19 H. Marcuse en El hombre unidimensional demuestra cómo el método científico que permitía una trasformación y sometimiento de la naturaleza “para fines humanos colectivos” también y posteriormente había resultado muy eficaz para llevar a cabo la dominación del hombre sobre el hombre: “Hoy la dominación se perpetúa y amplía no sólo por medio de la tecnología, sino como tecnología.”20 Aunque el análisis de Marcuse ha desatado dudas, a él le debemos la consideración política de la razón técnica como punto de arranque de la interpretación de la sociedad del capitalismo tardío. Igualmente cualquier cambio tecnológico debe, en clave marxista, entenderse como resultado de un momento del desarrollo capitalista.

Para Marcuse un proyecto de emancipación sólo es posible si a priori se ha dado una revolución de la ciencia y la técnica mismas. El “progreso” debe, en este sentido, ir encaminado hacia otros fines, que no sean la dominación, de este modo la ciencia se transformará. Hoy la ciencia y la tecnología siguen suministrando nuevas formas de dominación, y las relaciones sociales entre ambas reestructuran el mundo. Pensar en una política progresista hoy debe, y ésta es la tesis de D. Haraway, partir de fuentes frescas de análisis y acción política en y desde las relaciones sociales entre ciencia y tecnología.

Analizar la situación de las mujeres hoy en relación a las nuevas tecnologías debe partir del hecho de que existe una relación concluyente entre éstas y las nuevas formas del capital. Del mismo modo que “las formas específicas de las familias se relacionan dialécticamente con formas del capital y con sus concomitantes políticos y culturales.”21

En El origen de la familia Engels traza la historia de la mujer como dependiente esencialmente de la historia de las técnicas. Con la aparición de nuevos instrumentos se opera para las mujeres una traumática transformación: la división sexual del trabajo –la primera gran derrota del sexo femenino–; fundamentada en bases biologistas. Engels afirmaba que la comunidad socialista abolirá la familia, del mismo modo que abolirá las clases. Obvia que suprimir la familia no conlleva liberar a la mujer. Ya que la familia es una comunidad de individuos que ejerce una primera función o misión: la unidad social. La familia es, pues, el núcleo primero de la construcción de la sociedad, y no funciona autónomamente de las condiciones económicas, políticas y culturales que la definen.

La familia del primer capitalismo: comercial/industrial, “es la familia del núcleo patriarcal, estructurada principalmente por la dicotomía entre lo público y lo privado y acompañada por la ideología burguesa blanca de esferas separadas y por el feminismo burgués anglo-estadounidense del siglo xix.”22

Con la modernidad y más concretamente con la emergencia del capitalismo, en la primera revolución industrial –caracterizada además por el advenimiento de un espacio político democrático–, se genera un conjunto de ambivalentes para las mujeres, tanto en la esfera del trabajo asalariado como de la maternidad. Sustentados por el dualismo en la que está fundado todo el pensamiento occidental, entre “[... ] lo “doméstico” y lo “político-jurídico” o lo “privado-público”, [...] el dominio doméstico se ocupa de los requerimientos biológicos de la sexualidad, la crianza y la socialización de los hijos; el dominio público es el responsable de los cambios históricos, de la situación económico-política.”23

El trabajo asalariado de las mujeres dentro de este contexto es al mismo tiempo sobreexplotación y emancipación; y la sociedad política espacio de exclusión. Desde el siglo xix, con la entrada de la mujer en el mundo del trabajo asalariado –por lo tanto de la economía– esta dualidad se ha tornado conflictiva. La mujer trabajadora se convirtió rápidamente en una figura problemática, sometida a una primera condición: desfeminizarse (privarse de su sexo) o realizar un trabajo feminizado.24 Si las tareas “naturales” de las mujeres eran domésticas y reproductoras, los trabajos que podrían realizar fuera del hogar debían estar condicionados por sus obligaciones –domésticas y maternales–, sometidas a tiempos parciales y de acuerdo con su diferencia biológica, más cerca del concepto de servicio que de trabajo. Se estableció de este modo una división “natural” del trabajo según el sexo, lo que conocemos como “división sexual del trabajo”. La división sexual se consideraba como un hecho social objetivo, hasta institucionalizarse el salario barato como adecuado a la mujer, legitimado por criterios científicos, médicos y por innumerables teorías del campo de la economía política. Así las mujeres trabajadoras llegaron a considerarse un patología social.

La modernidad, además, trajo consigo un cambio cualitativo en las concepciones sobre los sentimientos y la familia como núcleo “también” de placer y afectividad, lo que significó una regresión en la vida y derechos de las mujeres. “Es ésta misma idea, en efecto, la que ha contribuido al encierro de las mujeres dentro de su hogar. La familia deviene así la base de una institución que anula los derechos de las mujeres en la vida pública, creando un tipo de feminidad desde entonces relacionada con las nociones de domesticidad, de dependencia, de pasividad y de maternidad.”25

“La familia moderna condicionada (o puesta en vigor) por el estado del bienestar y por instituciones como el salario familiar, con un florecimiento de ideologías heterosexuales afeministas”26 ligada (siguiendo a Haraway) a la segunda fase del capitalismo, caracterizado por el monopolio, hizo su aparición alrededor de la Primera Guerra Mundial. El estado del bienestar fue creado por los Estados Modernos con un objetivo destacable: paliar la pobreza masculina. Hay que recordar que las tasas de desempleo masculino han sido más notables que las del femenino en el período anterior y posterior a las dos grandes guerras mundiales, pero esto nada tiene que ver con la conquista del empleo femenino, sino más bien con la distribución del empleo en relación con los cambios económicos y tecnológicos. Con el estado del bienestar las condiciones laborales mejoraron –incluso para las mujeres–; las luchas por el reconocimiento del trabajo doméstico como “trabajo productivo” y de la maternidad como “función social” fueron, con variaciones según los estados, muy poco efectivas. La lucha por el reconocimiento, la igualdad y la justicia se trasladó en relación con el trabajo fuera del hogar. No hay que olvidar que el período de entre guerras fue un período de desarrollo, educación y evolución para las mujeres; las reconstrucciones nacionales, por el contrario, son involutivas, unidas a frentes ideológicos que revalorizan el trabajo doméstico, y la política familiarista y cuya consecuencia es pérdida del empleo cualificado, y/o desempleo para las mujeres. Los hombres (algunos) “vuelven a casa”, las mujeres al hogar.

Entre los años sesenta y mediados de los setenta la fe en el progreso y su consecuencia el desarrollo económico, unidos al fenómeno del baby-boom27 y su fenómeno contrario: la falta de población de reemplazo, enturbian una realidad jerárquica: las mujeres, aunque cada vez más integradas en el sistema educativo y en el mundo del trabajo, cada vez están más relegadas a puestos de trabajo feminizados. La educación ejerce una función analgésica igualitaria y cuestiona los trabajos feminizados, y éstos, paradójicamente, se feminizan aún más, concentrándose casi masivamente en: comercio, servicios sanitarios y oficinas.

A partir del año 1975 el desfallecimiento económico provocado por la expansión de la economía, y su consecuencia, la inflación, ponen en marcha políticas de austeridad que conllevan la restricción de empleo, a la búsqueda de fórmulas flexibles. En este sentido la división “natural” sexual del trabajo va a ser restaurada con toda su fuerza. La falta de población de reemplazo es el hecho objetivo más recurrente; desata frentes ideológicos y restablece las viejas fórmulas familiaristas: si las mujeres dedican su tiempo al trabajo, la educación y la construcción de una profesión, no pueden dedicar su tiempo a la maternidad y a la educación de sus hijos, de ahí deducen que la fecundidad se atrofia, y la mujer se vuelve estéril. Una mujer blanca soltera y sin hijos y además con un buen sueldo es potencialmente una neurótica. El movimiento de liberación de la mujer fue acusado de genocida y de provocar grandes crisis de tristeza en las mujeres. La retórica de la reacción28 no parece tener fin.

El desfallecimiento del estado del bienestar ha generado nuevos arreglos económicos y tecnológicos, lo que venimos llamando “Nueva revolución industrial”. La pérdida de empleo masculino dentro de la cultura electrónica es una constante. Las mujeres acostumbradas al empleo de tecnologías se ven afectadas de manera ambivalente en esta nueva redistribución económica: en el Primer Mundo la pérdida de empleo femenino está generada en buena parte por la tecnologización de las empresas, lo que obliga a que muchas mujeres busquen trabajo remunerado que pueden realizar en la esfera privada, el teletrabajo; en el Tercer Mundo la fuerza de trabajo preferida de las multinacionales que se ocupan de los productos electrónicos destinados íntegramente a la exportación, es la fuerza femenina. El trabajo, sea quien sea el que lo realice, hoy día está siendo redefinido como femenino y feminizado, caracterizado por empleos inestables, vulnerables, baratos. “La familia de la ‘economía del trabajo casero’ [según denominación de Richard Gordon], con su estructura oximorónica de hogares con cabezas de familia femeninos y su explosión de feminismos y la paradójica intensificación y erosión del propio género. Éste es el contexto en el que las proyecciones para el desempleo estructural a nivel mundial que surge de las nuevas tecnologías son parte del cuadro de la economía del trabajo casero. Mientras la robótica y las tecnologías afines lanzan a los hombres al desempleo en los países ‘desarrollados’ y exacerban la imposibilidad de crear puestos de trabajo masculinos en el ‘desarrollo’ del Tercer Mundo, y mientras la oficina automatizada se convierte en la norma incluso en los países con abundante oferta de trabajo, la feminización del trabajo se intensifica.”29

La conquista del trabajo asalariado por parte de las mujeres ha desestabilizado profundamente los fundamentos del patriarcado. Pero la “división sexual del trabajo” y la explotación que ésta supone siguen siendo características de la totalidad del sistema, sobre todo en épocas de crisis económicas, de inflaciones de difícil control, de expansión de la economía, y más aún en las últimas décadas con el empleo de tecnologías electrónicas en las oficinas y puestos de trabajo. Ya que las estructuras de género están presentes en forma de metáfora salpicando toda la cultura electrónica; Internet y World Wide Web son activamente agresivas hacia la mujer; no por la tecnología en sí, sino por el uso que de ella se hace. “El cyberespacio no existe en el vacío; está íntimamente conectado a numerosas instituciones y sistemas del mundo real que se benefician de la separación jerárquica de la clasificación genérica. [...] También debemos ser conscientes que existe una continuidad del discurso entre el mundo real, los elementos de estratificación social pancapitalista están reflejados y reproducidos en el cyberespacio.”30

“En décadas recientes, el empleo de tecnologías electrónicas en las oficinas y puestos de trabajo ha cambiado profundamente la estructura del trabajo, y las relaciones entre el trabajo en casa y el trabajo en el hogar, tanto que ha provocado efectos particularmente perturbadores en las mujeres. En EE.UU., las mujeres que han estado, en gran parte, concentradas en los niveles más bajos del mercado de trabajo –tal como la oficina, la industria textil, manufacturas o servicios– cada vez más, han visto bajar sus sueldos y se han visto forzadas dentro del tiempo privado al teletrabajo, el trabajo del hogar, y los trabajos de servicios. Esta situación confina una vez más a muchas mujeres a la esfera privada de la casa donde mantienen un doble trabajo: cuidando a la familia, y trabajando en la global economía de consumo. Hecho posible por el automatismo de las Information Technology (IT), controladas por el capital móvil, esto es una economía de mercado basada precisamente en estrategias de producción y reproducción que aceleran y controlan el ritmo de vida y de trabajo.

La desaparición global de la seguridad salarial y los sueldos mínimos han significado el endurecimiento de las tareas pesadas, repetitivas, del trabajo manual de mantenimiento. Worldwide, es mantenimiento del trabajo repetitivo de teclear, introducir datos, ensamblaje de partes electrónicas, y trabajos de servicio manual inmóvil predominantemente hecho por las mujeres. Entonces la proliferación de maquinaria automática en los lugares de trabajo y el naturalmente oculto trabajo del hogar y teletrabajo contribuyen a hacer, de nuevo, del trabajo de las mujeres y de las tareas de las mujeres cuerpos invisibles.”31 En pro de la igualdad de valores en el ámbito público las mujeres han asumido lo que ha venido llamándose “la jornada interminable”; aun así las mujeres trabajadoras defienden el trabajo que desempeñan fuera del ámbito doméstico aunque éste sea generalmente de baja cualificación y mal remunerado. Ya que esta defensa asegura su presencia activa en el espacio público, otorgándoles legitimidad como sujetos productores. No obstante, las nuevas tecnologías de la comunicación, el teletrabajo y la taylorización del trabajo-en-casa, son fundamentales para la ocultación, y desaparición de la “vida pública” para el conjunto de la sociedad, pero en especial para las mujeres, los trabajadores de color, los trabajadores extranjeros, los trabajadores del computador no especializados... en suma todos aquellos que debido al desempleo general han sido recluidos en “la economía del trabajo casero”, que constituyen hoy una parte muy importante de la nueva estructura social.

“La situación actual de las mujeres es su integración/explotación en un sistema mundial de producción/reproducción y de comunicación llamado informática de la dominación.”32 D. Haraway analiza el lugar de las mujeres dentro de este circuito integrado; todos estos lugares –hogar, mercado, puesto de trabajo remunerado, estado, escuela, clínica hospital e iglesia– se han redefinido desde las nuevas tecnologías y cada uno de estos idealizados lugares se encuentra implicado en los otros; en todos ellos se aprecia: “[...] una intensificación masiva de la inseguridad y un empobrecimiento cultural con un fallo común de la subsistencia de las redes para los más vulnerables”, esto es lo que define la informática de la dominación. Las nuevas ciencias y tecnologías han trasformado y reestructurado el mundo radicalmente: “[L]os estados modernos, las compañías multinacionales, el poder militar, los aparatos del estado del bienestar, los sistemas por satélite, los procesos políticos, la fabricación de nuevas imaginaciones, los sistemas de control del trabajo, las construcciones médicas de nuevos cuerpos, la pornografía comercial, la división internacional del trabajo y el evangelismo religioso dependen íntegramente de la electrónica”33 pero “no estamos tratando con un determinismo tecnológico, sino con un sistema histórico que depende de relaciones estructuradas entre la gente.”34




Notas

(escenario 1)

1. VNS Matrix, "Manifiesto de la Zorra Mutante" (1991), en Estudios on line sobre arte y mujer, (http://w3art.es/estudios).

2. Haraway, D.J.: "Manifiesto para cyborgs: ciencia, tecnología y feminismo socialista a finales del siglo xx", en Ciencia, cyborgs y mujeres. La reinvención de la naturaleza. Cátedra, Madrid 1991, p. 254.

3. Faith Wilding and Critical Art Ensemble, "Notas sobre la condición política del Cyberfeminismo

(http://w3art. es/estudios).

4. Critical Art Ensemble, ¿Qué es postfeminismo?, (http://w3art. es/estudios).

5. Plant, S.: Cero + Unos, Mujeres digitales + la nueva tecnocultura. Destino, Barcelona 1998, p. 43.

6. Irigaray, L.: Ce sex qui n’en est pas un. Minuit, París 1977.

7. Plant, S.: "The Future Looms: Weaving Women and Cybernetics," en Hershman Leeson, L.: Clicking In. Bay Press, 1996, p. 132.

8. Galloway, A.: "Un informe sobre ciberfeminismo. Sadie Plant y VNS Matrix: análisis comparativo".

9. Plant, S.: Ceros + Unos, Mujeres digitales + la nueva tecnocultura. Destino, Barcelona 1998, p. 52.

10. Derrida, J.: Márgenes de la filosofía. Ed. Cátedra, Madrid 1989, p. 371

11. Plant, S.: Op. cit., p. 18.

12. Senft, T.M.: "Interpretar el cuerpo digital. Una historia de fantasmas", (http://w3art. es/estudios).

13. Balsamo, A.: Technologies of the Gendered Body. Reading Cyborg Women, Duke University Press, 1997, p. 34.

14. Haraway, D.J.: Op. cit., p. 255.

15. Stone, A.R.: "Will the Real Body Please Stand Up?" en Benedikt, M.: Cyberspace. First Steps MIT Press, 1992.

16. Stone, S.: "The Empire Strickes Back: A Post-transexual manifesto", en Writing on the body. Female embodiment and Feminist Theory. Columbia University Press, 1997, p. 354.

17. Haraway, D.J.: Op. cit., p. 311.

18. Butler, J.: "Performative Acts and Gender Constitution. An Essay in Phenomenology and Feminist Theory", Writing on the body. Female embodiment and Feminist Theory. Columbia University Press, 1997, p. 415.

 

(escenario 2)

19. Jameson, F.: El posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo avanzado, Paidós Studio, Barcelona 1991, p. 79

20. Marcuse, H.: El hombre unidimensional. Ariel, Barcelona, p. 177

21. Marcuse, H.: Op. cit., p. 286.

22. Haraway, D.: "Manifiesto para cyborgs: ciencia, tecnología y feminismo socialista a finales del siglo xx" en Ciencia, cyborgs y mujeres. La reinvención de la naturaleza . Cátedra, Madrid 1995, p. 286.

23. "Una aproximación antropológica al origen de los espacios segregados. Con referencia a la mujer en la cultura Bubi" en Fernández Moreno, N.: Ciudad y Mujer, p. 99.

24. "El término feminizado significa ser enormemente vulnerable, apto a ser desmontado, vuelto a montar, explotado como fuerza de trabajo de reserva, estar considerado más como servidor que como trabajador, sujeto a horarios intra y extrasalariales que son una burla de la jornada laboral limitada, llevar una existencia que está siempre en los límites de lo obsceno, fuera de lugar y reducible al sexo." Haraway, D.: op. cit, p. 284.

25. Duncan, C.: "Happy Mother and Other New Ideas in French Art"en : Art Bulletin, vol. 56, n. 101, 1973. Citada por Pollock, G.: "Histoire et politique: l’histoire de l’art peut-elle survivre au féminisme?" en Féminisme, art et histoire de l’art, Ecole nationale supérieure des Beaux-arts, París 1994, p. 70. Traducido al castellano en (http://w3art/estudios).

26. Haraway, D.: op. cit, p. 286.

27. Desde la Segunda Guerra Mundial hasta los años sesenta se da el movimiento de crecimiento de población importante, el baby-boom; que en los años setenta se da por terminado, hasta llegar al punto de que las tasas de natalidad se colocan por debajo del umbral de sustitución de la población; el desarrollo de la medicina y su consecuencia, la disminución de las tasas de mortalidad sobre todo entre la infancia, como el control de la concepción son los dos factores esenciales de este cambio.

28. Susan Faludi, en "Reacción. La guerra no declarada contra la mujer moderna", acumula y analiza pruebas de que las posibles trasformaciones sociales para las mujeres desatan, y siempre han desatado, frentes antifeministas. Traducción al español en Anagrama, Barcelona 1991.

29. Haraway, D.: op. cit, p. 286-287.

30. Faith Wilding & Critical art Ensemble, "Notas sobre la condición política del Cyberfeminismo", (http://w3art.es/estudios).

31. Wilding, F.: "Duración Performance: la economía del mantenimiento del trabajo femenino" (http://w3art.es/estudios)

32. Haraway, D.: op. cit, p. 281.

33. Ibídem, p. 282.

34. Ibídem, p. 283.