Cyberfeminismo
Nancy Paterson

En su última encarnación está extremadamente voluptuosa. El bisturí afila sus uñas que son discretamente retráctiles. El brazo vuelto hacia su espalda no es, a primera vista, digno de atención. Encuentre a Molly en la novela Neuromancer, de William Gibson, o a Melanie Griffith en la película Cherry 2000 -sexy, resistente, distante y, últimamente una fantasía(1).

El poder que estas mujeres manejan es perverso, tecnológico y, por supuesto, seductor. Ninguna influencia o control que ellas ejerzan es claramente equivocado o accidental. La poderosa mujer zorra/diosa, reina de hielo, androide, es representada en la cultura popular como una Pandora del III milenio. Y la caja que sostiene esta vez es electrónica y definitivamente bien conectada.

Relacionar la representación erótica femenina con el a menudo terrible impacto cultural de las nuevas tecnologías electrónicas no es un concepto nuevo. El cine tomó la dirección del deseo de antropomorfizar máquinas, y denigrar mujeres, tan pronto como apareció el culto clásico de Metrópolis de Fritz Lang en 1927. Sexo, peligro, mujeres y máquinas: el argumento de toda virtualidad futurista, películas de ciencia-ficción en las que las mujeres no juegan un papel específico. Las "cyberfemmes" están en cualquier lugar, pero las "cyberfeministas" son pocas y están alejadas entre sí.

Omnipresente y omnisciente, el significado de las nuevas tecnologías electrónicas, su desarrollo, diseño, instrumentalización, y diseminación, no puede ser ignorado y no debe subestimarse. Como quiera que sea, asuntos económicos, de clase, nacionales, de individualidades, están conducidos y definidos por las nuevas tecnologías electrónicas. Inmersos como estamos en las aplicaciones populares de esas nuevas tecnologías y los media, a largo plazo, el impacto llega a ser invisible.

En "In the Media Lab: Inventing the Future at Mit", Nicholas Negroponte aparece citado diciendo: "Una vez un nuevo roll tecnológico te rodea, si no eres dado a desvincularte, pasarás a formar parte del camino"(2). Sin la celebración del complejo industrial responsable del origen y desarrollo de estas nuevas tecnologías, ¿qué alternativas quedan para las mujeres que no están satisfechas con las normas que la cultura patriarcal les ha designado? Ciertamente, no la asociación de feminismo y naturaleza de eco-feministas y teóricas tan defendida por Camille Paglia. Ya no es posible ni deseable para las mujeres capitular y retraerse ante esta posición. El progreso de las nuevas tecnologías electrónicas las arrojará al polvo.

Las mujeres no están solas frente a la necesidad de entender como, por qué, y por quién nuestro criterio y confianza por comprendernos a nosotros mismos, cada uno consigo mismo y su relación con el mundo, ha sido despojada. La disolución de los conceptos convencionales de tiempo y espacio a través de los nuevos media y las tecnologías ha contribuido a la aceptación y al éxito del nihilismo punk PuMo, del pluralismo, de la diversidad, y a la desaparición de la historia dominante. Simultáneamente, estamos siendo testigos de una crisis de identidad individual y cultural mientras estamos enfrentados a la tarea interminable de integrar los nuevos media electrónicos en nuestras vidas sin perder el control.

El cyberfeminismo como filosofía tiene el poder para crear una poética, pasión, identidad política y unidad sin caer en una lógica y un lenguaje de exclusión o apropiación. Esto ofrece un camino hacia la reconstrucción de políticas feministas a través de la teoría y la práctica con un punto central hacia las implicaciones de la nueva tecnología más que sobre factores divisorios. Niega la orientación hacia descripciones cuidadosamente realizadas de gente que valora algo más que composiciones artificiosas. No es motivo para discusión el que una mujer pueda ser definida como una lesbiana-separatista, pacifista, o mujer de color, sino más bien, que podamos reconocer y acercarnos al impacto personal y político que las nuevas tecnologías electrónicas y los media tienen en la vida diaria. Las nuevas tecnologías electrónicas actualmente son utilizadas para manipular y definir nuestras experiencias. El Cyberfeminismo no acepta como inevitable las nuevas aplicaciones de las tecnologías cuyos estereotipos culturales, políticos y sexuales imponen y mantienen una cultura específica. El creciente poder de las mujeres en el campo de los nuevos media electrónicos solo puede ser el resultado de la desmitificación de la tecnología, y de la apropiación del acceso a estos instrumentos. El Cyberfeminismo es esencialmente subversivo.

Vancouver -basado en el autor William Gibson, obtuvo su reconocimiento introduciendo el mundo del cyberespacio en la cultura popular, definiéndolo en su novela Neuromancer como alucinación consensual(3). De hecho, esta palabra puede usarse para describir el espacio electrónico en todas sus manifestaciones, desde la realidad virtual hasta la infraestructura de las telecomunicaciones o Internet. Ilustrado en la reciente iniciativa de Clinton/Gore de los US para regular Internet o la información superhighway, los gobiernos están empezando a reconocerse como policía pública del potencial comercial de los media, que han estado en proceso de desarrollo durante varias décadas. Como era imaginable, feministas u otros grupos marginados en este proceso de desarrollo y diseño, no han sido solicitados o fomentados, ni en iniciativas públicas ni privadas.

En un futuro muy cercano, líneas de influencia cultural podrán ser dibujadas en base al acceso a los ordenadores y podrán ser leídas y escritas en éstos. Es la llegada de una nueva política divisoria -aquéllos que tengan acceso a los ordenadores, y puedan consultarlos y manejarlos contra aquéllos que no. El North American Free Trade Agreement, lugar de automatización y legislación por lo que se refiere a Information Superhighway, es generalmente soportado por aquéllos individuos, organizaciones, y corporaciones que tienen y promueven el acceso. Aquellos que no consultan o manejan ordenadores, de hecho, son frecuentemente tecnofóbicos, son críticos, pero no necesariamente constructivos en su análisis de las nuevas tecnologías electrónicas.

Las nuevas tecnologías electrónicas representan un círculo mágico desde el cual las mujeres han sido tradicionalmente excluidas. Es cierto que existen obstáculos definidos ante nuestra participación en el discurso sobre la forma de las herramientas y las aplicaciones de los nuevos media electrónicos. Las mujeres llevan mucho tiempo al margen de las instituciones, los trabajos en la red y las estructuras que determinan donde y cuando las aplicaciones de las nuevas tecnologías serán desarrolladas, y cómo el potencial de éstos nuevos media es descrito. De cualquier modo, la carencia de iniciativa, agresión, o determinación no deberían ser conceptos utilizados por más tiempo para justificar nuestra continua exclusión.

Un factor que contribuye al desánimo de las mujeres en este ámbito se puede haber trazado en base a la fundamentación histórica de estos media. Internet, el mundo abierto de los trabajos en la red, fue originalmente un pequeño trabajo militar en la red de cuatro ordenadores conocidos como ARPANET. Este trabajo en la red fue diseñado para investigar la posibilidad de crear un sistema descentralizado de comunicación que pudiera sobrevivir a una guerra nuclear. Análogamente, VR (realidad virtual) también tuvo orígenes militares, siendo inicialmente considerado como una herramienta para simulaciones de campo de batalla. Estos orígenes son claramente explicitados en cualquier libro o artículo que describa el curso y las potentes aplicaciones de estos sistemas. De todos modos, este candor es engañoso, no fueron construidos como vínculos entre los orígenes de los media y el futuro hacia el que éstos se están dirigiendo. Es obvio que asuntos subyacentes se manifiestan en las aplicaciones populares de estos media. La evidencia esta en vídeo juegos de tipo arcade como el Sega Genesis Night Trap, que reta a los jugadores a salvar a sus escasamente vestidas hermanas de la comunidad universitaria de una banda de asesinos encapuchados.

Margaret Benston, una activista canadiense con experiencia en ingeniería e interés en dimensiones científicas y tecnologías, en lo social y en lo político, en el capítulo del libro tecnología y Voces Femeninas de Chris Kramarae titulado Voces Femeninas/Voces Masculinas, describe la tecnología como un lenguaje para la acción y la expresión personal (4). Acceder a la maquinaria y a la tecnología ha sido culturalmente considerado como una tarea masculina. A la hora de mantener el control de las nuevas tecnologías, promoverlas y adherirse a un panorama tecnológico del mundo, los hombres han intentado silenciarnos. Estemos o no de acuerdo, la escena mundial está regida por conveniencias, está claro que la carencia femenina en ese ámbito es un problema.

A pesar de estos obstáculos, las mujeres tienen un éxito increíble al romper con estos tópicos y al situarse en el interior del círculo. Concretamente en filosofía y teoría cultural, de forma preocupante se esta mostrando que el dominio por naturaleza de los hombres no ha suministrado un fundamento adecuado para una visión digna de conducirnos hacia el próximo siglo. A lo largo de este desolado y saqueado paisaje están emergiendo teóricas feministas, hablando y reuniéndose. Una nueva cadena de personas existente en el mundo está construida; cada una remodela a otra; se redefinen a sí mismas; y reclaman las nuevas tecnologías electrónicas para las mujeres.

Realidad virtual y cyberespacio-tecnologías para una vida indirecta. La realidad virtual describe muy distintas experiencias, incluida la transformación de objetos y espacios bidimensionales a través de los media tales como la holografía; instalaciones que poseen un uso múltiple en monitores de vídeo o proyecciones para circundar al espectador; y la definición cabeza montada en display, toca guantes y/o trajes de chaqueta sensitivos. Telepresencia y cyberespacio, donde trabajos en la red de telecomunicaciones hacen posible la interacción instantánea desde puntos remotos, también han sido descritos comúnmente como espacios virtuales. La prueba del impacto de muchas tecnologías (que han estrechado y retorcido nuestro entendimiento del tiempo y del espacio, así como las limitaciones de nuestra vulnerabilidad física) debe ser medida por la paranoia con la que ellos se han inspirado. El cyberespacio ha llegado a ser un fértil terreno de educación para múltiples personalidades, llamativo, la electrónica sigue acechando y retorciendo el género a lo más mínimo.

El cuerpo, en el espacio virtual, no es un mero usuario-interface; VR ofrece la oportunidad como parte del pago, remodelando, o incluso olvidando la naturaleza física con la que estamos, en realidad, agobiados. Fuerzas exteriores con las cuales se actuaba sobre nosotras, que imponían restricciones, quedan lejanas. La gravedad, y las leyes físicas, quedan lejos. La entropía y el pasaje del tiempo llegan a ser conceptos sin sentido. Las mujeres siempre, por ritual o necesidad, han sido expertas en caída libre, estableciéndose a sí mismas en la experiencia física personal. Esta habilidad nos es útil, de la misma manera que nos hemos aventurado en otras dimensiones y, después hemos vuelto a casa. Por muy diestras que hayamos llegado a ser navegando en estos espacios y olvidando nuestros cuerpos temporalmente, es dudable que alguna vez alcancemos la inmortalidad. Lo virtual es un espacio ciego de patriarquía.

Paris is Burning, una película de Jennie Livingstone, sobre el género, la identidad y el estilo, documentos que fueron seguramente (antes de la introducción de la tecnología basada en VR en la cultura pop) la última experiencia virtual -pasear por una carretera, en Harlem, o bajo Wall Street travestido. Transexuales, travestidos caminantes que compiten en la categoría de ejecutivos, estudiantes, y modelos de modas, reconocen que el éxito de la apariencia o la representación de estereotipos está medido por la apariencia y la actitud. Lo "real" ha tenido siempre el criterio sobreentendido de "pasar", y las mujeres (aquéllas que lo han evitado siendo institucionalizadas para no "acomodarse a los planes de otro") han llegado a ser expertas en ello.

A través de la Realidad Virtual, la deconstrucción del género está introduciéndose en la esfera de la cultura pop, y su nexo con la nueva tecnología electrónica tiene implicaciones filosóficas del cyberfeminismo. La convergencia tecnológica describe la unificación de computadores, televisión y comunicaciones tecnológicas. De cualquier modo, la convergencia describe mucho más que la evolución respecto a un ambiente en el cual las tecnologías electrónicas son persuasivas. La convergencia está teniendo lugar en más de un nivel tecnológico algo así como en un nivel metafísico. La convergencia cultural puede ser descrita como un encuentro o fundición entre arte y tecnología. El cyberfeminismo se está introduciendo en un área en la cual se intenta arrebatar algo más que género.

Multimedia, vídeo interactivo, realidad virtual; para la mujer estas nuevas tecnologías presentan oportunidades para romper la descripción de roles y ser disidentes de diálogos escritos. Una madrigera de conejo en la que podemos caer. Nuestras experiencias reales, cuando no han sido negadas, han sido agradecidas sólo en su inmediatez. Nuestras historias individuales y la tentativa de aislarnos o destituirnos a nosotras mismas de un contexto patriarcal, ha sido siempre infravalorado y socavado. Hemos aprendido a vivir con la mano en la boca. Infringiendo el orden y la organización lineal de la información, las cyberfeministas reconocen la oportunidad de redefinir la realidad, en nuestros límites y en nuestros intereses y descubrir que la infraestructura de las comunicaciones electrónicas o "matriz" puede ser el instrumento ideal de una nueva categoría de feministas para recoger y jugar.
 

[Traducción, Esperanza Collado Sánchez]



Notas

(1) Gibson, William (1984). Neuromancer. New York, NY: Ace Books. p. 25

(2) Brand, Steward (Ed. )(1987). The Media Lab: Inventing the Future at MIT. New York, NY: Viking. p. 9

(3) Gibson, William (1984). Neuromancer. New York, NY: Ace Books. p. 51

(4) Kramarae, C (Ed. ). Tecnology & Women's Voices. London, UK: Routled. p. 15
 



Nancy Paterson

Nancy Paterson artista Canadiense (Toronto), trabaja en los media electrónicos, principalmente en el campo de las instalaciones interactivas. Es artista asociada en el Bell Centre for Creative Communications e instructora en el Ontario College de Arte y Diseño. Su trabajo incluye The Machine in the Garden, The Meadow, y How the Rest Was Won, exhibida en todo el mundo. También es la autora de textos en Sex And Tourism in a Virtual World and Art and Cyberculture.

La dirección de la página de Paterson se sitúa en
http://www.bccc.com/nancy/nancy.html.