Cyberfeminismo, también una forma de activismo
(A propósito de una obra de Faith Wilding).
Ana Martínez-Collado & Ana Navarrete
 
[Performer vestida con uniforme de criada y delantal, sentada en una consola de ordenador escribiendo estas palabras:]

Esta es una historia acerca de manos invisibles.
Este es una historia acerca del trabajo sin fin.
Esta es una historia acerca del trabajo de las mujeres por el mantenimiento y la supervivencia.
Esta es una historia acerca de trabajo del cuerpo de la mujer en la invisible economía femenina de producción y reproducción.
Esta es una historia acerca de la repetición, el aburrimiento, lo exhausto, la coacción, el  derrumbe.
Esta es una historia acerca de lo pesado, de la repetición, la tensión de las labores manuales a la velocidad de las máquinas electrónicas. 
 

[Durante la narración el siguiente bucle se proyecta en pantalla de vídeo:]

limpiar, lavar, quitar el polvo, escurrir, planchar, barrer, cocinar, comprar, telefonear, dar vueltas (coche), limpiar, planchar, entrar, amasar, dar vueltas (coche), tirar, limpiar, purgar, lavar, empalmar, montar, comprar, plegar, telefonear, archivar, seleccionar, copiar, cursar, cortar, barrer, pegar, insertar, formatear, planchar, programar, mecanografiar, ensamblar, cocinar, e-mail, fax, gritar, buscar, clasificar, mecanografiar, clickar, quitar el polvo, limpiar, etc.”.

Faith Wilding, “Duration Performance: The Economy Of Feminized  Maintenance Work” 1
 

El cyberfeminismo, entendido como una práctica postfeminista en la red, es un complejo territorio tecnológico, y también político. El mundo tecnológico, en principio, siempre ha sido un dominio tradicionalmente masculino. A partir del dualismo clásico en el que está fundamentado el pensamiento y la construcción social occidental: la idea de mujer esta asociada al instinto, a la naturaleza, y por lo tanto a los mundos privados de vida; mientras que la del hombre a la inteligencia, la cultura, y por lo tanto a lo público.

Resignación. Aprender a callar. Ser las poseedoras de la virtud del silencio, de la discreción, del saber escuchar, comprender y, apoyar. ¿Pero, y nuestras palabras? Lo público no nos ha pertenecido. La lógica de nuestra naturaleza nos obligaba a lo privado, a la tierra, al hogar.

Sin embargo, desde que en el siglo XIX la mujer ha ido incorporándose paulatinamente al mundo laboral, al universo económico, esta dualidad se ha tornado más conflictiva, más ambivalente y ambigua -como ha sucedido también en otros ámbitos de desarrollo político, cultural y social.

La conquista de la palabra, y su puesta en circulación en lo público, ha sido un objetivo fundamental en los programas feministas desde su comienzo. Incluso su aprendizaje ha necesitado de un largo trayecto. Y aún más, de una transformación más profunda, que tiene que ver con lo más íntimo, con la herencia, con la educación, con la construcción interna de nuestro propio personaje, que nos habla de una lucha, de una batalla por tomar la palabra. Una palabra que no nos pertenece  como género, sino que comienza a surgir después de haber llegado a descubrir, como lo ha hecho la misma época, que no existe una identidad esencial detrás de cada discurso.

“¿Por qué era un sexo tan próspero y el otro tan pobre? ¿Por qué son pobres las mujeres? ¿Quién podrá afirmar que “la novela” no tiene la configuración adecuada para que la use la mujer?”, se preguntaba Virginia Woolf en Una habitación propia (1929) refiriéndose a la difícil relación entre creatividad y mujer. Sin acceso a la vida pública, las mujeres estaban sometidas a una doble prohibición: ni derecho al trabajo, ni derecho a la palabra. ¿Cómo alcanzar la posibilidad de crear sin la autonomía que proporciona la independencia económica, el derecho a la propiedad? ¿Y cómo tener una economía propia viviendo excluidas de la esfera laboral?

El feminismo ha demostrado que la conquista del trabajo asalariado ha desestabilizado profundamente los mitos de la feminidad y los fundamentos del patriarcado, permitiendo a las mujeres considerarse sujetos sociales productores, por lo tanto independientes, y por lo tanto creadores. Ésta, sin embargo, ha sido una lucha política llena de obstáculos, una lucha paso a paso desde los escalones más bajos de la productividad, sometida a las vicisitudes de las épocas de crisis económicas. Todo feminismo desarrolla así una vertiente política imprescindible. Incluso aquellos feminismos que no se plantean un activismo directo, al llevar adelante  sus propias estrategias, inciden en esa alteración general de los valores que sostienen de forma ancestral las relaciones de dominio.

 El cyberfeminismo también se está desarrollando con las mismas aspiraciones: el esfuerzo por la palabra pública y su circulación -la importancia de establecer una red de comunicación entre las mujeres. El medio favorece la incorporación del discurso feminista. Es un sistema de comunicación alternativo, en cierta forma contracultural, que permite los discursos no institucionales. Es un sistema en el que aparentemente se hace posible una disolución de los roles asignados a los géneros, a las identidades. El cyberfeminismo ha sido saludado con optimismo por las mujeres, y se ha convertido en un territorio de desarrollo cultural y social, en un espacio público de manifestación.

Pero las cosas no están tan claras. Y en este sentido, la performance de Faith Wilding, “Duration Performance: The Economy Of Feminized  Maintenance Work”, pone el dedo en la llaga, al señalar con ironía pero con absoluta verosimilitud cuál es el impacto real del trabajo en la red para las mujeres - “ensamblar, cocinar, e-mail, fax, gritar, buscar, clasificar, mecanografiar, clickar, quitar el polvo, limpiar, etc.”-.

Recientemente, el cyberfeminismo está clarificando en qué consisten las relaciones corrientes de las mujeres con la Information Technology, al igual que critica las estructuras de género en la cultura electrónica. Las mujeres desde su incorporación al trabajo están acostumbradas al empleo de tecnologías electrónicas, dada la distribución de puestos de trabajo atendiendo al género -las mujeres han desempeñado la mayoría del trabajo de oficina utilizando máquinas de escribir, faxes, ordenadores, y teléfonos. Pero de nuevo, insisto, trabajos de segunda categoría.

Como si fuera un círculo vicioso del cual resulta imposible salir, la relación de la mujer con la tecnología se complica, además, porque al producirse una mayor tecnologización de las empresas se produce inevitablemente una pérdida de empleo femenino. Y esto contribuye en buena medida a la desaparición, una vez más, de las mujeres de la vida pública. Hoy en día, muchas mujeres buscan trabajo remunerado para realizar en la esfera privada del teletrabajo.

Faith Wilding y otras postefeministas, artistas y teóricas, se han dado cuenta de las complicadas y sutiles redes que como una tela de araña dificultan y envuelven, manteniéndolo oculto, el desarrollo de la mujer en la vida pública.

"El Cyberfeminismo -escriben Faith Wilding y Critical Art Ensamble- es una promesa de la nueva ola de pensamiento y práctica postfeminista. A través del trabajo de numerosas mujeres Netactive, hay ahora una presencia Cyberfeminista distinta en la red que es fresca, desvergonzada, ingeniosa, e iconoclasta frente a muchos de los principios del feminismo clásico".2

 Pero hay que estar alerta. El cyberfeminismo es, sin duda, una esperanza en la construcción de un orden nuevo -cuestiona género e identidades. Para la humanidad, la construcción de un cyborg como proponía Donna Haraway es uno de los mayores retos . La red es un medio público que se ha caracterizado hasta ahora por ser abierto a la pluralidad de los discursos, a la multiplicidad. Pero el mundo tecnológico, un mundo no ajeno a los otros mundos, padece y sufre las vicisitudes políticas y sociales. Por esta razón el cyberfeminismo también debe ser un campo abierto para el activismo y la política. 

Hagamos pública (la) palabra.
 

Notas



1. “Duration Performance: The Economy Of Feminized  Maintenance Work”, trad. cast. en “estudios online sobre arte y mujer”.
2. Faith Wilding y Critical Art Ensemble: “ Notas sobre la condición política del Cyberfeminismo” . trad. cast. en “estudios online sobre arte y mujer”.
3. Donna Haraway (1984), “Manifiesto para Cyborgs”, en Ciencia, cyborgs y mujeres. La reinvención de la naturaleza (1991), Cátedra, Madrid, 1995.